Trabajo del campo, explotado y mal pagado

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Por Estefanía Montenegro / 14 Junio 2017
Reportaje especial  • Estado de México

En San Bartolo Morelos, José Escobar Romero, de 77 años de edad es un señor que desde pequeño se ha dedicado al campo, en su rostro se pueden ver las arrugas y el tono chocolate en su piel que el trabajo al sol le ha dejado. Mediante el tono bajo de su voz podemos ver quizá, la opresión en la que ha vivido, sin embargo, luce un semblante tranquilo, pacifico o tal vez resignado. Y a pesar de que faltan ya algunos dientes en su sonrisa, ésta se muestra amable, cálida y transparente; expresión que se plasma al recibirnos frente a su casa de no más de cuatro metros cuadrados;  dónde por fuera hay troncos de madera, gallinas y pollos, en medio de un paraje verde, contextualizando un auténtico paisaje mexicano, el paisaje del campesino.

La jornada de trabajo de José

José, adherido desde hace tres años al Movimiento Antorchista, platica que la jornada de trabajo cuando están en época de siembra va de las 8 de la mañana a las 4 o 5 de la tarde, de lunes a sábado.

José siembra maíz, cebada y avena. Desde inicios de año “si llueve temprano sembramos desde marzo sino en abril” y es hasta octubre, noviembre o diciembre que se da la cosecha y comienzan a venderla a los habitantes de la comunidad, quienes compran su producto para la engorda de ganado.

El cultivo lleva varios procesos a lo largo de los meses, como el barbecho, la rastra, la siembra, la escarda, la aplicación de fertilizante y herbicida, posteriormente se suministra fertilizante nuevamente y finalmente se debe rentar la maquinaria para arrancar la mazorca, la cual cobra tres mil pesos por hectárea. Los campesinos de San Bartolo acuden a Jocotitlan para conseguir máquina pues en su municipio no hay.

Asimismo, José retrocede muchos años atrás, y cuenta que antes se sembraba con ayuda de peones, con pala y a mano, una parcela se acababa temprano, no se necesitaba invertir tanto, eran otros tiempos; luego el comercio fue creciendo y la gente se empezó a ir a fábricas  de tapetes, zapatos etc., y así la gente que trabajaba en el campo se fue marchando a buscar otras oportunidades, y hasta la fecha únicamente trabajan mediante la yunta de caballo o con el tractor.

Cabe mencionar que el tractor, cobra más de tres mil pesos por una hectárea, por lo que es muy costoso y se debe invertir “si los campesinos nos endrogamos es porque pedimos prestado para tener con que invertir” cuenta José, con resignación.

En este contexto, Leonardo Martínez responsable del trabajo antorchista en San Bartolo, explica que muchos campesinos dejan en baldío sus milpas porque no tienen el dinero para producir sus tierras, ni para invertir en fertilizante y maquinaria, a grandes rasgos son 12 mil  pesos los que se necesitan para invertir en una hectárea. Es por eso que Antorcha se ha ocupado de llevar fertilizante subsidiado para ofrecer oportunidades de trabajo.

“Desde que lo producen esta la explotación, el tractor cobra miles por una hectárea, no les queda de otra más que pagarlo e invertir en eso, para después mal ganar sus ingresos”,  señala Leonardo Martínez.

El comercio del campesino

Un kilo del producto de José se vende en $3.00 siendo que el costo promedio debería ser pagado en $6.00. “A veces no nos pagan lo justo porque nos agarran en alguna necesidad de dinero, algo que debemos, o alguna emergencia y nos dicen te pago tanto, y lo aceptamos, si no debemos buscar dónde nos paguen mejor pero es más tardado y el dinero nos urge”, comenta José.

El kilo de maíz los campesinos lo venden en $3.50 y a veces hasta lo regatean en $2.50, la avena la venden en $4.00 o $5.50 el kilo, como José mencionaba, por las apuraciones económicas, no queda de otra más que mal baratear su producto y tener al menos un poco de dinero.

El grano va para alimentar a los animales, muchos del Hipódromo de la Ciudad de México van a los municipios y  compran avena a $3.50 el kilo siendo que cuando venden los caballos  los ofrecen hasta en 150 mil pesos.

“Por ejemplo en los centros comerciales ya vemos que una caja de cereal de 340 gramos cuesta 40 o 50 pesos y ahí viene claramente la explotación al campesino”, expresa Leonardo Martínez.

Sobrevivir económicamente  en el campo

En un día normal en el campo, la vida podría llegar a ser muy tranquila y pacifica por el ambiente que se percibe y  se respira, pues José cuenta que cuando no es época de siembra  hacen cualquier cosa, como barrer, hacer el arroz y los frijoles etc…, pero la realidad es que la vida en el campo es dura; los campesinos son quienes peores condiciones de vida tienen. Y no es nada nuevo.

La calidad de vida del pequeño productor es raquítica, pues  gana menos del salario mínimo, quizá un obrero, sabe que si trabaja sobrevive de un salario mensual y seguro, pero un campesino que vive del campo está a expensas de que “salga algún trabajo” que les deje para ir sobreviviendo en la semana, también están a expensas de que la siembra se dé y poder venderla pero si no se da, no se obtendrían las ganancias  que se invirtieron al sembrar.

Mientras la cosecha se da, los campesinos suelen alquilarse para algunos trabajos y recibir un sueldo por un día, otros van a fabricas a ayudar de vez en cuando si los llaman, otros van al monte a bajar leña y la venden entre los vecinos y es pagada por 120 pesos, algunos otros tienen animales y con uno que vendan,  debe de rendirles durante los meses en que la siembra se da.

“Yo cuando estaba bien, si iba y hacía eso pero ya no porque me dio presión alta y tengo la diabetes, pero en la cosecha sí trabajo”, señala José.

La ayuda del Movimiento Antorchista

Desde hace tres años José fue invitado a la organización por su yerno a integrarse a las filas del Movimiento Antorchista, donde agradecidamente afirma que la organización lo ha ayudado mucho a él y a su familia, “la organización gracias a Dios nos ha ayudado, antes no había de esto y ahora sacamos bombas herbicidas, abono y nos ha ido bien, hemos visto mucho apoyo”, asegura.

Todas las comunidades de San Bartolo carecen de servicios de primera necesidad, José cuenta que necesitan  agua potable, servicios de drenaje, de electrificación, alumbrado público, “son muchas cosas las que nos hacen falta aquí”, sin embargo, la esperanza en la organización persiste, pues son muchos los cambios que Antorcha ha logrado en el municipio y sobretodo en el sector campesino al subsidiar el fertilizante al 50 por ciento de su costo, mismo que ha favorecido la cosecha de cientos de campesinos.

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